La mayoría de los cultivos de invierno de la región del NOA están en etapas de floración. Y en algunos casos, en las siembras más tempranas, en etapas de llenado. Se trata de fases fundamentales, pero, en general, este año casi todos los cultivos presentan una situación que, desde hace un tiempo, no se daba. Y es que la humedad en los perfiles de suelo está presente, por lo que se espera que, de no mediar inconvenientes, el ciclo de los cultivos finalicen sin preocupaciones.
El mes de septiembre recién empieza. Se trata de un mes durante el cual, generalmente, no ocurren precipitaciones. Los cultivos invernales están bien, creciendo y desarrollándose, por lo que el final de la campaña fina viene bien y, por ende, se espera con muchas expectativas el comienzo de la próxima gruesa.
Los productores saben que la fina ya esta jugada en buenos términos. Y los que tienen esos cultivos solo esperan que la cosecha sea buena y que les permita tomar aire para arrancar una gruesa con los suelos limpios y cubiertos, esperando que las lluvias que llegarán en algún momento de la próxima primavera puedan servir para ir acumulando agua en los perfiles de los suelos, lo que permitirá arrancar y avanzar con algunas actividades.
Es cierto que todavía es temprano para hablar de la gruesa que viene. Pero pensar en cómo afrontarla permite ir previniendo algunos temas de interés del productor. Sobre todo, aquello referido a las estrategias de control de malezas para la campaña gruesa que se avecina. Actuar en consecuencia permite minimizar riesgos.
El productor conoce que los suelos presentan bancos de semillas, según la historia de manejo de cada lote. A partir de ello, sabrá lidiar con esta problemática, de acuerdo a cómo haya trabajado en sus respectivos lotes.
El productor sabe, también, que los desafíos en la producción de granos siguen siendo netamente técnicos, más allá de las vicisitudes que ponen en el camino las políticas que nos gobiernan.
Los productores, profesionales, técnicos y quienes trabajan en la investigación agropecuaria lo tienen bien claro. Se trata de los problemas originados por el monocultivo de la soja y, por ende, la aparición de las malezas que generaron resistencia y tolerancia a ciertos herbicidas, que año tras años van apareciendo y los ejemplos sobran.
Baste comentar que hace dos campañas se dio la aparición de una nueva resistencia múltiple de Amaranthus palmeri (yuyo colorado), detectada en el centro-norte del país. Se trata de un escape de la maleza en un cultivo de soja al preemergente sulfentrazone, inhibidor de la PPO de la familia de las triazolinonas, en conjunto con herbicidas de las tres familias de ALS y glifosato. El dato agronómico da cuenta que se trató del primer reporte internacional de resistencia de esta especie al activo sulfentrazone.
Este caso fue registrado en Santiago del Estero y alertado por la Red de Manejo de Plagas (REM) de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), con el fin de exhortar a los productores de la región y de otras áreas a que presten atención a esta situación.
Estas situaciones se deben evitar. Y para ello es importante que el productor no se descuide. Que ponga el esfuerzo en seguir conociendo el comportamiento de su campo, respecto de las malezas. Y para ello debe convertir el monitoreo en su arma principal.
Diversas investigaciones dan cuenta de que con la soja RR y la siembra directa se observaron cambios en la población de las especies, debido a la nueva forma de trabajar la tierra. Si bien en un inicio no había problemas en el sistema, con el paso del tiempo el medio fue cambiando debido a la presión de selección dada por el glifosato y por el monocultivo de soja. Y así empezaron a aparecer nuevas especies tolerantes y hasta resistentes.
Es un serio inconveniente que los productores deben afrontar de ahora en más, para evitar que la problemática de las resistencias empeore. Se debe trabajar, tomar conciencia y ser muy cuidadoso a la hora de definir estrategias para control de malezas.
Debido a ello, el manejo y control de las malezas se volvió una de las principales preocupaciones de los productores, ya que generan pérdidas económicas al competir por agua y por nutrientes del suelo. Además de que interfieren durante la cosecha.
Por ello, el monitoreo constante de lotes, la información y la planificación resultan clave para que se actúe a tiempo y se evite que el problema se agrave.
Cabe destacar que la resistencia de las malezas no se está dando solamente en los cultivos de granos como la soja, sino también en otros cultivos de la región, como los cítricos y la caña de azúcar.
Esta problemática aparece debido a su adaptación a los diferentes manejos que proponía el productor. En alguna medida lograron sobrevivir, generando resistencia y/o tolerancia al uso de herbicidas.
La clave para saber sobre la presencia de malezas radica en recorrer los lotes, en identificar las especies y en hacer un manejo específico para cada una de las situaciones que se presentan. Este tema siempre debe ser tenido en cuenta.